Thursday, October 13, 2011


El Punto

Cynthia Jarmillo, Ecuador, 2oo7



Cuando nos conocimos, ella me dijo: "Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque te tengo confianza. Espero que no me defraudes." Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las llaves y los fósforos, se ensuciaba un poco; además éramos tan felices, que pensé que nunca lo iba a usar. Entonces compre un estuche seguro y allí lo guarde. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por las mañanas nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas por descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron su perdida frescura y los árboles y los ríos se volvieron más acogedores, casi maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el espacio y el tiempo eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como por los efectos de alguna poderosa droga. pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a el.

Con la felicidad, olvide el estuche, o lo perdí inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha termino, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. "Donde lo guardaste?- me pregunta ella, indignada- que esperas para usarlo, no demores mas, de lo contrario, todo perderá belleza y sentido." Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los muebles, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no esta. Tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, casi obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en uno de nuestros momentos felices. No esta en la sala ni en el dormitorio, ni en la chimenea. El perro se lo habrá comido?
Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía, vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor adquiere la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Se posa en los armarios, en los muebles, en los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza.. Creo que a veces sospecha que, en realidad, lo tengo escondido para vengarme de ella. "No debí confiar en ti-se reprocha-. Debí imaginar que me traicionarías."

Era un estuche de madera y cuero, largo, de esos que se usaban antiguamente para guardar los anteojos. Lo compre en una tienda de antigüedades. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba ahí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero paso tanto tiempo. Es posible que se extraviara en una de las mudanzas, o quizás alguien lo tomo pensando que era valioso.
Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y es inútil pensar en que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los momentos anteriores, los que fueron hermosos.
Solo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocamos los escritores novatos……



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