El Punto
Cynthia Jarmillo, Ecuador, 2oo7
Cuando nos conocimos, ella me dijo:
"Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo
para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago
porque te tengo confianza. Espero que no me defraudes." Durante mucho
tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las
llaves y los fósforos, se ensuciaba un poco; además éramos tan felices, que
pensé que nunca lo iba a usar. Entonces compre un estuche seguro y allí lo
guarde. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del
tedio. Por las mañanas nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos;
cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas por
descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron su perdida
frescura y los árboles y los ríos se volvieron más acogedores, casi maternales.
Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas,
los colores, las luces, el espacio y el tiempo eran más intensos. Nuestra
percepción se había agudizado, como por los efectos de alguna poderosa droga.
pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad
para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular
melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a el.
Con la felicidad, olvide el estuche, o lo
perdí inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha termino, no
encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores
suplementarios. "Donde lo guardaste?- me pregunta ella, indignada- que
esperas para usarlo, no demores mas, de lo contrario, todo perderá belleza y
sentido." Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el
forro de los muebles, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no esta.
Tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, casi obsesiva. Es posible
que lo haya extraviado en uno de nuestros momentos felices. No esta en la sala
ni en el dormitorio, ni en la chimenea. El perro se lo habrá comido?
Su ausencia aumenta nuestra desdicha de
manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al
otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía, vergüenza y odio.
Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva
vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el
resquemor adquiere la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano.
Se posa en los armarios, en los muebles, en los libros dispersos por el suelo.
Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se
trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza.. Creo que
a veces sospecha que, en realidad, lo tengo escondido para vengarme de ella.
"No debí confiar en ti-se reprocha-. Debí imaginar que me
traicionarías."
Era un estuche de madera y cuero, largo, de
esos que se usaban antiguamente para guardar los anteojos. Lo compre en una
tienda de antigüedades. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto
estaba ahí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero paso tanto tiempo. Es
posible que se extraviara en una de las mudanzas, o quizás alguien lo tomo
pensando que era valioso.
Luego de buscarlo en vano casi todo el día,
me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda
nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y es inútil pensar en que volverá.
Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos ata, nos llena de rencor
y de fastidio, va devorando uno a uno los momentos anteriores, los que fueron
hermosos.
Solo espero que en algún momento aparezca,
por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con otros objetos. Entonces
será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el
que colocamos los escritores novatos……